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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007. Dios o diablo A las cuatro de la tarde abandonaba el trabajo, agotada, destrozada. Había atendido ocho horas sin pausa y con paciencia las llamadas telefónicas, histéricas y penetrantes, de los clientes. Caminé hacia el metro bajo un cielo triste, como si una sábana gris cubriera la ciudad, esperando dormida la remota llegada de la primavera. Detestaba viajar en metro. No soportaba los rostros de la gente, con esa mirada de vacío. Viajé cinco estaciones y salí aliviada de aquel sótano atestado de silencios y martirio.Anduve presurosa el último trecho hasta mi casa, ansiosa de irme a pasear con Drako, mi perro. Era lo único que conseguía relajarme. Tenía ya las llaves en la mano cuando me di cuenta que la puerta de mi casa estaba entreabierta. Me quedé helada, de piedra. Tal vez ladrones, pensé espantada y deseando que no le hubiera sucedido nada malo a mi perro. Sin saber aún que hacer, escuché una voz melodiosa que me hablaba desde el otro lado de la puerta: -- ¡Venga Sara, entra ! ¿A qué esperas?-- y añadió, -- Mira que el café se va a enfriar. Abrí la puerta despacio y fui hasta la cocina. Me encontré con un hombre de edad indefinida, rubio, de ojos azules, bien parecido, vestido de un blanco luminoso, que me servía un café mientras con la otra mano le daba una galleta a mi perro, que de contento no paraba de mover la cola. Me puso una taza de café entre las manos que yo acepté, todavía con la boca abierta. -- Venga.¿Pero qué haces? Vete al salón que te están esperando. -- ¿Qué otro...? -- conseguí balbucear. Recostado en el sofá, mirando la televisión, mi televisión, estaba sentado un tipo vestido de oscuro, alto, delgado, con un jersey de cuello cisne, de aspecto triste, que cambiaba aburrido de canales. Me dirigió la palabra sin mirarme: -- Ven Sara, siéntate. Obedecí. A continuación apareció el rubio con mi perro trotando detrás de él y se sentó a mí lado. Yo me encontraba sentada ente los dos. -- Qué tristeza, sólo miseria y dolor en este mundo -; exclamó afligido el personaje de negro, que sólo mostraba interés por las noticias. -- Venga, venga. No seas aguafiestas. Si la gente no se desmadrase nos quedaríamos sin trabajo -; respondió chistoso el rubio. -- El otro le lanzó una mirada enojada, de reproche. No dejaban de observarse. Era un duelo. Medían fuerzas. Por fin centraron su atención en mi. El uno con una mirada clara, transparente, entre amable y burlón. El otro, profundo, con aquellos ojos brillantes, como dos carbones encendidos. A estas alturas, ya no me extrañaba haberme encontrado con dos desconocidos en mi casa. Tampoco me maravillaba que Dios y el diablo hubiesen tenido tal ocurrencia, como la visita inesperada de dos viejos amigos. El sapito Un hombre decide tomarse el día libre para irse a jugar al golf. Está en el segundo agujero cuando se percata de que una coneja está sentada cerca del green. No le da mucha importancia hasta que justo cuando va a realizar el tiro oye: - Hierro 9. El hombre mira alrededor pero no ve a nadie. Se vuelve a poner en posición y vuelve a oír: -. Hierro 9. Se gira hacia un sapito y decide hacer caso del consejo. Pone su otro bastón en el estuche y coge el hierro 9. ¡Zaas! Golpea la pelota dejándola a 10 cm del hoyo. Se queda asombrado y pregunta a un sapito: - es increíble. Debes ser una especie de sapo de la suerte o algo así, ¿no? Un sapito le contesta: -. De la suerte. Si El hombre decide coger al sapito y se lo lleva al siguiente hoyo. - ¿Qué palo me recomiendas? -le pregunta el hombre. - Madera 3. El hombre saca la madera 3 y ¡Zaas! Hoyo en uno. El hombre queda perplejo y no sabe qué decir. Al final del día, ha hecho el mejor partido de golf de su vida y le pregunta a un sapito: - Bueno, ¿y ahora qué sigue? El sapito contesta: - ¿A Mónaco?. Ambos llegan a al Casino de Mónaco y el hombre le dice: - ¿y ahora qué? Sapito. El sapito dice: - Ruleta. Después de acercarse a la mesa de la ruleta el hombre pregunta otra vez: - ¿A qué apuesto? El sapito responde: - 3000€, 4 rojo. - ¡¡Venga ya!!, pero si ése es un tiro entre un millón. El hombre reconsidera lo pasado, y piensa en el partido de golf y dice: - ¡Qué coño! Solo se vive una vez. Allá voy. ¡Zaas! Toneladas de efectivo y fichas llenan su sitio. El hombre recoge sus ganancias, se registra en el hotel en la mejor habitación. Se sienta en el suelo delante del sapito y le dice: - No sé cómo recompensarte. Me has hecho ganar tanto dinero y te estoy tan agradecido. El sapito dice: - Bésame. El hombre se que perplejo, pero se dice: - ¿Por qué no? Después de todo lo que ha hecho por mí, creo que se lo merece. Total ¿qué puede pasar? El hombre la coge entre sus brazos y la da un beso. El sapito se convierte en una AGRACIADA joven, rubia, esbelta, y de 16 años. Huye de mí Llevo dos días sin salir de casa. No me gusta salir a la calle, pero las pocas reservas del último robo que hice al banco de sangre se me han agotado. La luna hoy brilla con fuerza. La noche es clara, demasiado clara. Debo salir a buscar alimento. Me subo el cuello de mi chupa tejana para que nadie me vea el cuello, para que nadie se fije en el, para poder pasar inadvertido. Cuando salgo a la calle me golpea una brisa fresca. La agradezco. Camino entre las sombras, en silencio y lo más aprisa que puedo. Oigo unas risa a lo lejos. Me paro en seco y corro hasta la próxima esquina. Me quedo quieto. En silencio, medio oculto por la luz mortecina de una farola. Las risas van menguando poco a poco. Esta noche, ni siquiera un gato se me ha cruzado en mi camino. No encuentro nada para calmar la sed que por un momento me nubla la mente. Vuelvo a oír las risas, pero esta vez no están cerca, el hambre las trae hacia mi mente, que dice que vaya en su busca, que me alimente. Con las manos aferradas a las sienes y encogido por el dolor sigo mi camino hasta un banco de sangre, allí esta lo que necesito. Necesito sangre. - ¿Te pasa algo?.- siento que me preguntan a mi espalda. Me giro, veo a una chica, guapa. De ojos marrones y enormes que con cara de preocupación pone su mano sobre mi hombro. - Estoy bien. Vete por favor. - ¿Qué es eso del cuello?, ¿un tatuaje?. La sangre me hierve. Los ojos se me enrojecen. Mi cabeza estalla y sin saber como me incrusto con fuerza en su cuello. Su sangre es cálida. Dulce. Fluye por mi garganta refrescándola. Cierro los ojos y me dejo transportar. Bebo y bebo. Hasta la última gota. Después la dejo caer. ¡¡NOOOO!!. Me doy cuenta de lo que he echo. Pero porque. ¿Por qué?. Os dije que no preguntarais. Si me ves, HUYE. ¿Todo fue un sueño? Si alguna vez has temido a la oscuridad, y ahora ya no, deberías temerle ahora. Esto le pasó a unos amigos míos, fueron a una discoteca por la noche y cuando se iban a ir, encontraban murciélagos por todas partes, por lo que decidieron seguirlos. Encontraron una casa abandonada, Ricardo, uno de ellos, dijo que ya era tarde, pero Maria le dijo que ella se iba a quedar. Ricardo se fue y Maria entró en la casa , encontrando el cadáver de una persona, quiso salir pero la puerta se cerró , no tenía salida y aquellos murciélagos que siguieron de la nada, la mordieron hasta dejarla agonizante. Al día siguiente Ricardo la preguntó que había pasado, ¿por qué tienes esa mordedura en el cuello?, le preguntó. Ella le dijo que no se había percatado de eso, pero cuando llegó a su casa sus padres le preguntaron lo mismo y ella les respondió de igual modo. Por la noche comenzó a dolerle la mordedura, luego comenzó a tener sed, fue a la cocina por un poco de agua pero como no veía bien, se calló por la ventana y cuando iba a impactarse en el suelo le salieron alas y comenzó a volar. Voló hasta el parque y encontró a un hombre, le golpeó en la cara, se la desgarró y le mordió en el cuello comenzando a tomar su sangre. Pero también tenía sus debilidades, la luz. Así que todos los días evitaba mirar la luz, se ponía una gorra, gafas y demás complementos que le protegieran de la luz , seguían las misteriosas matanzas con las mordeduras en el cuello y los policías no encontraban explicación racional para tales crueles matanzas Pero Maria no se percató que aparte de la luz tenía otra debilidad, los crucifijos. Los policías salieron de noche a las calles con un crucifijo, objetos que les facilitarían la cacería. El vampiro dio un grito horrible que seguro los policías no olvidarían el resto de sus días, el vampiro empezó a quemarse. la figura de Maria apareció de dentro del vampiro, suerte para él que no le sucedió nada.
Un alarde imprevisible.![]() Estaba sentado en mi silla, había regresado de trabajar muy duro, a las 10:00 de la noche, me acosté, necesitaba descansar, de pronto todo quedó en silencio; no había ruido alguno, todo estaba sereno, tranquilo ... una luz a lo lejos se asomaba hacia mi puerta, alguien tocó...sin hacer ruido me levanté y fui a ver quien era a esas horas de la noche, cuando abrí la puerta una voz me dijo -- ven, sígueme nos están esperando. Me quedé perplejo, sentí un escalofrío por todo el cuerpo; de pronto le respondí. -- ¿cómo?, no entiendo. La sombra sólo se quedó parada, sin decir nada, para ganar tiempo la invité a pasar a mi casa, y de la nada le ofrecí una taza de té. por amabilidad sólo movió la cabeza afirmativamente, fui a la cocina y lo preparé ... después de un corto silencio me dijo nuevamente. -- ven, sígueme nos están esperando. Para ganar otro poco de tiempo le dije que me iba a despedir de mi esposa e hijo, de tanto insistirle me lo permitió. Fui a la habitación y le dije a mi esposa que me iría, que no me tardaría mucho, de pronto, ella lloró y mi hijo también, la sombra me dijo con voz firme. -- ¿ves lo que acabas de hacer?... De pronto me desperté, era un sueño, solo un sueño, me levanté sin hacer ruido, preparé una taza de té, de pronto alguien llamó a la puerta, con una voz simple me dijo. -- ven, sígueme nos están esperando. Sólo me levanté, agarré mi sombrero y salí con mi acompañante presto a la serenidad de la madrugada....
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LAS HISTORIAS DE QENACuentos escritos por Qena para el deleite de quien los lea.
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