Huye de mí

Cuando salgo a la calle me golpea una brisa fresca. La agradezco. Camino entre las sombras, en silencio y lo más aprisa que puedo. Oigo unas risa a lo lejos. Me paro en seco y corro hasta la próxima esquina. Me quedo quieto. En silencio, medio oculto por la luz mortecina de una farola. Las risas van menguando poco a poco.
Esta noche, ni siquiera un gato se me ha cruzado en mi camino. No encuentro nada para calmar la sed que por un momento me nubla la mente. Vuelvo a oír las risas, pero esta vez no están cerca, el hambre las trae hacia mi mente, que dice que vaya en su busca, que me alimente. Con las manos aferradas a las sienes y encogido por el dolor sigo mi camino hasta un banco de sangre, allí esta lo que necesito.
Necesito sangre.
- ¿Te pasa algo?.- siento que me preguntan a mi espalda. Me giro, veo a una chica, guapa. De ojos marrones y enormes que con cara de preocupación pone su mano sobre mi hombro.
- Estoy bien. Vete por favor.
- ¿Qué es eso del cuello?, ¿un tatuaje?.
La sangre me hierve. Los ojos se me enrojecen. Mi cabeza estalla y sin saber como me incrusto con fuerza en su cuello. Su sangre es cálida. Dulce. Fluye por mi garganta refrescándola. Cierro los ojos y me dejo transportar. Bebo y bebo. Hasta la última gota. Después la dejo caer.
¡¡NOOOO!!.
Me doy cuenta de lo que he echo. Pero porque. ¿Por qué?. Os dije que no preguntarais.
Si me ves, HUYE.
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