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LAS HISTORIAS DE QENA

Postrada en mi cama

Postrada en mi cama

Acostada en esta detestable posición, con las piernas heridas y brazos cruzados, sin poder moverlos, tanto por iniciativa propia como por esta atado. Llevo eternos días sin probar bocado, en los que mis únicos pensamientos van dirigidos hacia el mas allá. No comprendo por que estoy aquí, no soy uno de ellos. Mi forzado estado me obliga a soportar mis propios excrementos. Quisiera evadirme de estas cuatro paredes que se han convertido en mi hogar... dulce hogar. ¿Como puedo acabar con este suplicio?

 

Por lo menos mi imaginación fértil ha permanecido intacta ¿Cuanto tiempo llevo aquí? He perdido la cuenta y probablemente nunca vuelva a ver un calendario. Veo el techo descascarillado, es la única cosa con la que he tenido en contacto visual durante mi estancia en este abismo terrenal.

 

 ¿Como será la muerte? Será peor de lo que estoy viviendo. No creo. Si mi destino estuviera en sus manos, ya me hubiera admitido tiernamente en su seno, como su hijo. ¿Quien decidió por mi?¿Donde queda mi libre albedrío? Yo no he escogido estar aquí, como ninguno de los que comparten este sitio. Vivir en estas condiciones es inhumano y reto a cualquiera que quiera conocer realmente lo que es sufrir. En este lugar, el dolor es físico por que las escaras infectadas me producen un dolor punzante, cuando no es el olor de heces y orines lo que asalta mi propio asco. El peor castigo, es tener plena conciencia de mis facultades intelectuales por que lo único que me permitido hacer es pensar. Y pensar ideas coherentes todo el día sin poder llevarlas a cabo, es sentirse inútil e impotente ante mi realidad. Solo puedo esperar a fallecer de muerte natural, por que nadie me sacara de aquí.

 Dicen que entre el genio y la locura, hay una estrecha línea que los separa. Por lo visto, en mi caso, la moneda cayo del lado equivocado....  

 

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