Abraza a tus ojos

Miguel es un chico de dieciocho años, invidente de nacimiento, jamás ha podido ver el rostro de sus padres o hermanos, a pesar de ello es muy bueno en sus estudios, tiene su cuadrilla de amigos, quienes siempre intentan hacer que este se sienta a gusto.
Hace poco ha comenzado un trabajo acorde con lo que ha estudiado. El tener una carencia de vista ha hecho que haya desarrollado potencialmente el resto de sus sentidos.
Miguel y su familia hacía un mes que se habían mudado a Madrid debido al trabajo de su madre y al nuevo trabajo de este.
Él era el mayor de cinco hermanos Angelines de diecisiete, José de quince, y los mellizos Jorge y Maria de diez años respectivamente. Su madre Andrea tenía cuarenta años, los hijos eran fruto de tres relaciones con hombres que resultaron fallidas, pero ninguno lo sabia pues su madre les contó a los cinco que su padre había desaparecido abandonándolos.
- Mama, quiero una mascota, me han dicho los de la Once que si quiero me la proporcionan
- Bueno.
Miguel y Angelines fueron a la Once a recoger la mascota. La perra era un labrador, parecía saber y conocer muy bien su tarea pues nada más coger la correa, el animal le dirigió a la salida.
- A escogido la perra más dócil y fiel que existe, cuidara de ti, y te hará sentir un poco más libre.
- Gracias.De vuelta a casa iban pensando un nombre para la mascota, al llegar a casa le enseñaron el nuevo guía de su hijo. Decidieron llamarla Cara.
- Bueno, mamá, se acabó el tener que ir acompañado pues a partir de hoy iré acompañado de mi fiel compañera Cara – dijo palpando el hocico del animal. Dicho esto se fue a dar una vuelta.
- Hola, Miguel.
- Hola, Marta.
- ¡¡Vaya, qué perra más bonita!!
- Se llama Cara.
- ¿A dónde te dirigías?
- Sin más, me iba a dar una vuelta.
- ¿Te importa que te acompañe?
- No, para nada.
Se sentaron en un banco del parque, Cara era una guía estupenda, Marta dijo de acompañarle en un primer momento por miedo a que se perdiera pero se quedó atónita al ver que la perra y el estaban compenetrados pues no necesitaba decirle nada; tan sólo se dejaba guiar, parecían conocerse de toda la vida sin embargo no hacía ni seis horas que se conocían. Comenzaba a refrescar y Marta sintió frío, instintivamente Miguel pareció notar que esta tenía frío, se arrimo a ella y la rodeo con sus brazos, ella no objetó nada y se dejo abrazar.
- Miguel, ¿Cómo sabes, sin decirte nada, que tengo frío?
- Bueno, creo que tiene una sencilla explicación, me falta un sentido pero he aprendido a desarrollar los demás, el tacto, el oído…
- ¿Sabrías describirme con nada más tocarme?
- Sí.
- ¿Podrías hacerlo?
Miguel comenzó acercándose a ella, suavemente le acaricio el pelo, aspiró su olor, luego prosiguió a palpar sus rasgos faciales, con dulzura y delicadeza como si fuera una muñeca de porcelana a la que temiera romper.
- ¿Qué podrías decir? ¿Cómo me imaginas?
- Eres bellísima. Morena, pelo largo, tienes unos ojos negros muy vivos, una nariz a proporción con tu cara, y unos labios finos que dan ganas de probar.
- Gracias, no me esperaba que me describieras de esta manera. – dijo ruborizándose.
- No te descrito así por quedar bien, eres un ángel caído del cielo. Bueno será mejor que nos marchemos a casa esta empezando a anochecer.
- Sí, será mejor.
Miguel insistió en acompañarla hasta casa, ella aceptó.
- Espero volver a verte campeón. - dijo dándole un beso en la mejilla.
- Yo, también.
Miguel, guiado por su fiel amiga, puso rumbo a casa, por el camino aparecieron dos individuos encapuchados pidiendo la cartera a punta de pistola.
Miguel les iba hacer entrega de la cartera, pero fue, entonces, cuando Cara que no había parado de ladrar desde la aparición de dichos individuos, se soltó de su dueño y saltó encima de los asaltantes, enseñando los dientes; los ladrones asustados huyeron.
- ¡¡Muy bien!! Pequeña – dijo agachándose y rodeando a Cara.
Cara orgullosa de haber salvado a su dueño no paró de hacerle carantoñas, después fueron a casa, su familia comenzó a regañarle porque eran más de las doce y él andaba sólo a estas horas.
- Mamá, por favor, que soy mayorcito, además Cara me protege, me ha salvado de dos asaltantes.
- ¿Qué?
- Sí. Bueno y si ahora nos importa mi fiel compañera y yo nos vamos a descansar. Pero antes voy a ponerle una buena recompensa a Cara.
Cara dormía en los pies junto a su dueño, a mitad de la noche oyó unos llantos que parecían provenir de la habitación de Angelines y José.
Se levantó de la cama de su dueño y fue a ver qué sucedía; en efecto, Angelines estaba sollozando, y se sobresaltó en un primer momento al notar un bulto en el borde de la cama pero no tardo en descubrir que era Cara.
Esta le permitió subirse a la cama y se mantuvo junto a ella hasta que se calmo.
Ambas se dieron un susto al oír la voz de Miguel.
- Nines ¿Qué te sucede?
- Nada.
- Una persona no llora por nada – dijo sentándose a su vera.
- No puedo decírtelo y además tampoco quiero hablar aquí, José…
- Ven. - Dijo agarrándole la mano.
Miguel, Cara y Angelines fueron a la habitación de este.
- Bueno, a ver, desembucha, aquí nadie nos oye.
- Es que es una locura y es mejor que no la sepas.- Angelines…
- Está bien. Me gusta un chico desde hace cinco años, el problema es que no tengo esperanza de que entre él y yo surja algo.
- ¿Por qué dices eso? Escúchame bien, nada es imposible ¿entendiste?
- Sí.
- Bueno ¿Quién es ese chico?
- Cuando éramos niños me encantaba jugar con él era mi mejor amigo, conforme fui creciendo seguía siendo mi amigo pero algo había cambiado en mi, me sentía atraída por él, pero jamás he dejado que lo notara nadie, pero ahora él se está enamorando de mi mejor amiga y…no sé que hacer.
- Vale ¿y por qué no se lo dices?
- Porque es un amor imposible.
- Bueno, mira, si me dices quién es el chico que ocupa tu corazón podré ayudarte.
- Tú.
- ¿Qué? Carol, nosotros somos hermanos.
- ¿Estás seguro?
- ¿Qué insinúas? Me estás asustando.
- Veras, mamá nunca habla de papa y entre nosotros tenemos algún parecido pero José es totalmente diferente y los mellizos, si entre ellos se parecen, pero con nosotros apenas tienen parecido, creo que somos hermanos por parte de madre pero no de padre.
- Bueno y aún que así fuera, debes entender que tú y yo no podemos salir juntos ¿entiéndelo? Es tan sólo que has confundido los sentimientos, eso es pasajero cuando encuentres un tío para compartir tu vida te darás cuenta.
- Quizás, tengas razón, tú ya has encontrado tu pareja ¿no?
- ¿A qué te refieres?
- No disimules. Marta ¿te suena?
- Sólo somos amigos.
- ¡Sí, ya!, Marta me ha contado lo que pasó el otro día, y también me ha dicho que te quiere.
Miguel, atónito por lo que había escuchado, articuló unas palabras después de un largo silencio.
- Puede que sólo sienta atracción pues dudo de que alguna persona quiera compartir su vida con un invidente.
- ¿Por qué eres tan duro contigo mismo?
- No soy duro; soy realista.
Angelines no objetó nada, se levantó de la cama y fue a la ventana; sin darse cuenta habían estado toda la noche hablando y el día les había llegado. José se levantó hacia las nueve y media y al no ver a su hermana fue pasando por los cuartos.
- Hola ¿A qué hora te has levantado?
- No te importa.
- Esta bien, no hace falta que me comas. – dicho esto salió de la habitación.
- Cálmate, no tiene la culpa José.
- Lo se. – dijo saliendo de la habitación.
- ¡Cómo son las mujeres! – Cara le echó una mirada de sorpresa.
- ¿Qué? No me mires así que no he dicho nada, ven vamos.
- Carol, me voy a trabajar.
Dicho esto salió de casa como siempre guiado por su fiel amiga, de camino al trabajo se volvió a encontrar con Marta.
- Oye, Miguel ¿Tienes tiempo?
- Sí quieres, mientras hago mi trabajo, ¿Me acompañas?
- De acuerdo. Verás, voy a ser sincera contigo: Te quiero.
- Mira, Marta, estoy seguro de que lo único que sientes atracción, vamos, sé realista, de verdad ¿Pasarías la vida con un invidente?
- Pues claro que sí, tu problema no me importa para nada si me dejas entrar en tu vida, estaré cerca de tus ojos, seré tus ojos – dijo emocionada.
Miguel la abrazó y la besó, esta no objetó nada y se dejo, después palpó su rostro y con delicadeza le retiro las lágrimas de los ojos y añadió.
- No quiero verte triste, me tienes contigo.
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