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LAS HISTORIAS DE QENA

La Muerte

La Muerte  

El frío aliento de la noche entraba por la ventana abierta de par en par. Sentado en el borde de la cama, con su inseparable cigarrillo en la mano y sin que el gélido ambiente de la habitación consiguiera despejar su mente, Camilo repasaba su vida rebañando hasta los mas pequeños recuerdos que su memoria guardaba.

 

Aquella misma mañana había recibido, por boca de su amigo y médico desde hacia mas de cuatro décadas, Florencio Sánchez, el resultado de los últimas pruebas y análisis que le habían efectuado.

 - Apenas tres semanas de vida tienes por delante Camilo - le dijo a bocajarro y con la sonrisa helada el Doctor Sánchez.

Camilo se levantó de la silla y se despidió de su amigo con un escueto - nos vemos, Floren -

 

No podía decir que aquella noticia le hubiera pillado de sorpresa, el sufrimiento que su enfermedad le producía desde hacia unos meses no podía tener otro significado mas que el fin de sus días estaba en puertas.

 

Frente a un excelso guiso de setas con bacalao, plato estrella de Casa Marcial, donde comía regularmente desde que se instaló definitivamente en Madrid hace algo mas de cinco años, Camilo tomó la decisión de desentrañar para si mismo y para el mundo, el misterio que había llenado toda su vida.

 

Desde que a la edad de cuatro años vio, en el Tarot de su tía Clara, aquella carta, todo lo que en su vida había hecho estuvo encaminado a descifrar aquella pregunta que su tía no pudo responderle.

-¿Que representa la figura de esta carta, a la que no se le ve el color de los ojos, tía? -

 

La tía Clara le miro por encima de sus gafas de nácar con gesto pensativo.

- Esta carta es La Muerte y no se ve el color de sus ojos porque nadie conoce cual es. -

 

La noche pasó en blanco para el pequeño Camilo, cuando el sol comenzó a asomar entre la persiana que mal cerraba la ventana de su habitación, Camilo ya había decidido que aquel nuevo día lo dedicaría a descubrir cual era el color de los ojos de La Muerte, pensando que contándoselo a su tía, ésta seria la mas famosa tarotista del mundo pues sería la única que lo supiera. Lo que Camilo ignoraba aquel amanecer es que dedicaría toda su vida, no solo aquel día, a buscar la respuesta.

 

La bulliciosa Plaza de España transmitía su arco iris de sonidos, a través de la ventana abierta en aquella habitación de la decimosexta planta del Hotel Plaza, como si se produjeran a escasos metros de sus oídos. Su reloj de pulsera que descansaba sobre la mesilla de noche apenas iluminada por la tenue luz que llegaba del baño, le indicaba que la media noche había quedado atrás. No le había llevado demasiado tiempo pasar revista a su vida, toda ella un solo camino del que, por inverosímil, difícil, peligroso o doloroso que hubiera resultado nunca se separó. Se sentía feliz, todas las horas pasadas en bibliotecas, en oscuros y remotos santuarios, en peligrosos viajes a lugares marcados por el misterio y las leyendas, en conversaciones con santones, nigromantes y charlatanes; en definitiva, horas llenas de emociones, esperanzas y fracasos, que le habían hecho, aunque pudiera parecer un contrasentido en el alguien que busca la muerte, ¡vivo!.

 

En sus recuerdos un solo nubarrón existía, aquella hermosa mujer de cabellos dorados como diosa nórdica con la que compartió su vida, en aquella pequeña villa del centro de Italia, durante unos pocos y maravillosos meses. Nunca olvidaría su nombre, Clara, ni sus lagrimas rodando sobre su hermosa sonrisa el día en que el destino y su obsesiva búsqueda les separó para siempre.

 

-No debo esperar mas- pensaba Camilo, si espero a que la muerte me alcance dentro de tres semanas, tal vez pueda ver el color de sus ojos cuando este junto a mi, pero posiblemente no tenga ocasión de comunicárselo al mundo y mi muerte será una mas y mi vida no habrá tenido sentido. Sin mas demora se encaminó hacia la ventana hasta sentarse en su cornisa.

-Si me lanzo al vacío es de esperar que la muerte se acerque a mi para tocarme con sus manos antes de que mi cuerpo se estrelle contra el asfalto, así podré ver sus ojos y gritarlo para que el gentío que recorre las aceras de esta plaza lo oiga y pueda transmitírselo a todo el mundo.-

 

Forzándose a si mismo a no cerrar los ojos, Camilo se lanzó al vacío en busca de la respuesta a la pregunta que había sido su vida. Apenas el salto estaba en su nacimiento cuando Camilo sintió a su lado la presencia fría y gris de La Muerte. Por un instante, eterno para Camilo, el reflejo de las luces de la plaza hizo visible el rostro de aquella figura, hasta ahora oculto por la negra capucha de su habito mortal. La sonrisa inundó la cara de Camilo, cualquiera que le hubiera visto en ese momento habría pensado encontrase ante la felicidad en persona.

 

Apenas le dio tiempo a lanzar, con toda la fuerza de sus pulmones un desgarrador grito antes de estrellarse junto a la puerta del Hotel Plaza, -¡¡La Muerte tiene los ojos azules!!

 

Noticia publicada al día siguiente en la prensa de la ciudad:

 Minutos antes de la una de la madrugada un varón, de 63 años de edad se lanzó al vacío, con funesto resultado, desde uno de los edificios emblemáticos de la Plaza de España. La Policía investiga los hechos de este suceso sin que hasta el momento puedan aclarar las circunstancias del mismo. Según declaraciones de testigos presénciales, dos turistas alemanes de avanzada edad que en ese momento salían del hotel en busca de unas horas de diversión en un bingo cercano, el presunto suicida y seguro difunto, gritaba sin parar lo que parecían ser sus últimas palabras, las cuales no pueden reproducir porque desconocen la lengua de Cervantes. 
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