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LAS HISTORIAS DE QENA

Octavio

Octavio

Octavio era joven, sólo tenía 38 años, un médico brillante más entre los científicos recuperados de EE.UU. para el nuevo Centro de Investigación Médica inaugurado sólo siete años antes. Su carta donde pedía que no se culpara a nadie de su muerte puesto que era un suicidio había sido totalmente inesperada y no se hablaba de otra cosa en el CIM ni en la Universidad Felipe VI donde también daba clase sobre la degeneración de las células con la edad y con las situaciones límites del estrés. Mauricio se consideraba su mejor amigo, el mejor con diferencia, y pensaba que el sentimiento de Octavio era recíproco; ni siquiera cuando se fue rompieron el contacto y para él uno de los mejores momentos del día después de haber estado estudiando horas y horas cuando preparaba las oposiciones, era recibir un correo de Octavio donde le contaba sus andanzas y aventuras, especialmente cualquiera de las novedades americanas. A veces también se llamaban por teléfono si era el cumpleaños de uno de ellos o tenían algún caso profesional que querían discutir en detalle. Los dos habían hecho juntos la carrera de medicina y aunque Octavio se dedicó a la investigación y Mauricio por fin sacó la cátedra de Oncología, como él decía "a la tercera va la vencida", con el paso del tiempo seguían siendo muy buenos amigos.

En el entierro había mucha gente de la que conocía una gran parte, a Marina, la hermana de Octavio, que era dentista y tenía cinco niños, de uno de los cuales, Juanito, el segundo, era el padrino. La madre, Clementina, siempre había sido una mujer fuerte y de momento no lloraba pero su cara estaba demacrada, las ojeras denunciaban la falta de sueño y su mirada estaba como vaciada de cualquier sentimiento.

Mauricio se acercó y después de dar un abrazo a Marina y a su marido, le dio dos besos a Clementina y se puso a su otro lado, ya que el padre de Octavio había fallecido solo un año antes de un ataque al corazón. Cuando Mauricio la agarro del brazo, esta le dijo muy bajito "no te preocupes de que dé el espectáculo que ya vengo llorada de casa" pero su cara y manos estaban muy frías.

Estar, en la capilla del cementerio y mientras el cura leía, Mauricio recordaba... Todavía no se había hecho a la idea de que a partir de ahora no podría contar con Octavio cuando lo necesitara. El primer día que se conocieron, tenían cuatro años y en el recreo como no sabía donde estaba el baño y le daba vergüenza preguntar acabó haciéndose pis formándose inmediatamente un corrillo de niños que se reían de él, hasta que llego Octavio y sin decirle palabra se abrió paso y tiró de su mano llevándole a la fuerte de beber donde, con un pañuelo le ayudó a limpiarse las piernas ya que era septiembre y todavía llevaban pantalones cortos. La relación había quedado establecida y así continuó siempre.

Mauricio no estaba seguro de si él ya había decidido hacer medicina cuando Octavio se lo dijo, pero sabía que era lo que los dos querían y lo aceptaron con toda naturalidad, irían juntos a la universidad y salvarían muchas vidas. Octavio hablaba de ser cirujano pero Mauricio no estaba completamente decidido; en cualquier caso por entonces en las conversaciones pasaban de la medicina a las chicas y de vuelta a la medicina sin ningún hilo de continuación; eran los dos temas que les tenían obsesionados.

Octavio era siempre el más lanzado y el más inteligente pero menos laborioso; cuantas veces había ocurrido que Mauricio se había aprendido un texto de memoria sin comprenderlo totalmente, se lo decía a Octavio repasando para el examen y era este el, que lo aclaraba dándole sentido a la información aprendida.

Cuando empezaron a salir con chicas pasaba lo mismo, lo organizaba Octavio y luego salían los cuatro. Fue una buena época hasta que Mauricio se rompió el pie izquierdo jugando al fútbol ya que eso le impidió ir ese verano a Inglaterra a aprender inglés como habían planeado. Las consecuencias fueron que a Octavio le dieron la beca para ir a hacer el doctorado a Yale y Mauricio se quedó en Madrid. Mauricio se alegró por Octavio pero también por él ya que en el fondo prefería quedarse en España. No supo el motivo hasta que fue demasiado tarde, cuando se dio cuenta de que se había enamorado de Marina, se había acostumbrado a su presencia y al irse Octavio la echaba mucho de menos, casi tanto como a él, pero cuando se decidió a llamarla para salir al cabo de varios meses ella le dijo que tenía novio y Mauricio fue incapaz de decirla nada. De hecho salió con varias chicas en los años siguientes pero nunca llegó a casarse.

Octavio le contó que estuvo viviendo una temporada con Giovanna, una italiana que estaba haciendo el doctorado en pediatría y con la que se llevaba muy bien, era guapetona, inteligente y alegre, pero quería volver a su país para cuidar a los niños de Padua

Octavio le pidió que no dijera nada de este episodio romántico a su familia y Mauricio así lo hizo.

Después Octavio se hizo amigo de un grupo que había estado en la guerra de Vietnam; había ocurrido una masacre debido que uno de los centinelas se había dormido y le mataron por lo que no pudo dar la alarma; habían sobrevivido milagrosamente debido a que recibieron ayuda justo antes de que fueran todos eliminados. A la mayoría les faltaba algún miembro y ahora eran morfinómanos; y Mauricio intuía que ahí empezó la obsesión de Octavio por encontrar la forma de no dormir sin sentirte agotado.

"¿Cómo podríamos engañar al cerebro para que realizara las mismas funciones que cuando duerme pero estando en vigilia". "¿Te imaginas -le decía- lo que se podría hacer si no tuviéramos que dormir todos los días? Se podría haber evitado el accidente de Chernobyl y tantos otros causados por una fatiga extraordinaria". Aparte de los posibles beneficios para los que trabajan en turnos de noche, pilotan con horarios indeterminados, cuidan de una sala de urgencias en hospitales y tantos otros casos; simplemente podríamos aprovechar a hacer más cosas en el número de años que vivimos.

Mauricio no estaba totalmente de acuerdo, era más conservador y creía en la teoría de que las experiencias de cada día activan y modifican el sistema nervioso y que para recordar aquellas experiencias, es necesario estabilizar y mantener los cambios que nuestro cerebro sufre y que tienen lugar, de alguna forma desconocida, durante el sueño. Pero a distancia no quería discutir con Octavio y que a su amigo le pareciera que "se quedaba atrás" en sus inquietudes. Por eso, se llevó una gran alegría el día que Octavio le comunicó que iba a aceptar la oferta que le habían hecho del CIM para dirigir un equipo de investigación que tendría como objetivo la curación del cáncer de estómago. Todo fue muy rápido y antes de un año Octavio estaba de vuelta y la relación con Mauricio seguía como siempre; se veían prácticamente todas las semanas y todo parecía ir bien.

Parece que el cura había acabado su panegírico y entre varios empezaban a hacer descender el féretro sujeto por medio de unas cuerdas; el ruido de las paletadas de tierra sobre la madera se le hacía insoportable a Mauricio, plaf, plaf,...

Recordó la extrañeza que le causó el día que Octavio le llamó para pedirle que fuera a buscarle al CIM ya que quería enseñarle algo antes de ir a tomar unas cervezas, como hacían todos los viernes. El periódico universitario había editado un artículo sobre la posibilidad de que en el CMI se había descubierto una proteína que tenía propiedades anti-tumorales ya que se unía a las células cancerosas impidiendo que estas se dividieran; y pensó que su amigo quería comunicarle su éxito a él antes que a nadie para luego ir a celebrarlo. Llegó, por tanto en tono festivo y se sorprendió cuando encontró a Octavio preocupado y con sangre en la bata del laboratorio. Ante sus preguntas le confirmó que lo de la proteína era verdad, pero lo hizo de pasada, sin darle apenas importancia, mostrándose nervioso y exigiéndole un secreto absoluto sobre lo que le iba a contar y enseñar.

"La investigación que me importa no es la del cáncer sino la de encontrar una sustancia que nos permita funcionar sin dormir. Tú sabes que ahora existe un medicamento llamado Modafinil que aparentemente no tiene los efectos secundarios ni riesgos de adicción tan altos como las anfetaminas, pero después de su uso prolongado en ratas se ha visto que produce diabetes. Yo he logrado modificar la molécula de Modafinil y estoy haciendo experimentos para detectar cualquier efecto secundario, ni siquiera la diabetes. Cuando mis ratas llevaban 33 días tomándolo y no mostraron ningún signo de confusión o degeneración ni cansancio empecé a tomarlo yo también, no olvides que llevo esta investigación por la noche y la oficial durante el día. Pero ha surgido un problema, al llegar al día 80-82 de tomar el para-Modafinil, que así he llamado al medicamento modificado, las ratas demuestran una agresividad sin precedentes y se atacan unas a otras hasta causarse la muerte. Ahora estoy intentando mezclar el medicamento con tranquilizantes y parece que baja algo la agresividad pero dan muestras de un cansancio que no corresponde al ejercicio que hacen.

"¿Cuántos días llevas tú tomando el para-Modafinil?

"Hoy es la noche 67. Quiero que sepas que llevo un diario de laboratorio donde anoto todas las observaciones pero que sólo tú debes hacerte cargo de él y guardarlo hasta que me pueda hacer otra vez cargo de él y si a mí me pasara algo fatal según lo que ocurra tú debes decidir si hacerlo público para la comunidad científica o no.

"No te preocupes que haré lo que me pides pero yo a mi vez te pido que sigas los experimentos sólo con las ratas y que interrumpas inmediatamente tu aventura personal hasta que los resultados sean más alentadores y positivos. No seas loco, tienes que tener paciencia y quizás así llegar a algo bueno de verdad".

Habían pasado más de seis meses y cada vez que Mauricio le preguntó por los experimentos a partir de ese día, Octavio le decía sonriente que tuviera confianza y que parecían ir mejor que nunca.

El funeral había acabado y la gente pasaba a dar sus condolencias a Clementina y Marina, su marido y él mismo, puesto que muchos sabían que eran como hermanos. Clementina le decía al director del CIM "gracias por su consuelo pero creo que es una gran injusticia que Dios se lleve antes a los hijos que los padres, eso no debía de ocurrir nunca".

Marina, se acercó a Mauricio y le susurró al oído "odio ver sufrir a la gente pero  especialmente a mamá"

"Yo también odio ver sufrir a los que quiero" dijo Mauricio mientras se acordaba de la última mirada agradecida de Octavio cuando le inyectaba el líquido letal siguiendo las instrucciones que había encontrado escritas al acudir a su llamada en mitad de la noche donde decía "No puedo más: por favor Mauricio acaba con este terrible sufrimiento".

Y pensó cuanto tiempo pasaría hasta que fuera capaz de leer el diario de Octavio con los últimos resultados para decidir si debía sacarlo a la luz o no y que es lo que Octavio hubiera querido.

  
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