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LAS HISTORIAS DE QENA

La carta

La carta

Hoy hace una semana que mi abuela murió, y he empezado a revisar las cosas que me proporcionaron su abogado, no es mucho, solo una pequeña caja de madera de ébano. En ella había fotos de ella de joven, de mi madre, mías, cartas, de un señor que supuse que eran de un amor de mi abuela, joyas.

 

Me puse a mirar las cartas. Eran de amor, de un amor de juventud del que deduje que fue un amor imposible. Seguí leyendo las cartas y más adelante descubrí que el amor de mi abuela era un joven vecino del pueblo. Era de una familia con posibles, mientras la familia de mi abuela era de las más pobres del pueblo. Entre ellos surgió un romance, que permaneció oculto de todos.

 Por las fechas de las misivas, deduje que la relación duro unos años, y creo que este joven caballero de familia bien quiso realmente a mi abuela, a pesar de una de las ultimas cartas que pude leer, él le comunicaba que se casaba con otra mujer a pesar de quererla, pero que la nunca hubiera permitido dicho enlace entre ellos y que él tenia un deber para con su familia

Después de leer esta ultima carta, me quede un poco triste. Pobre abuela, que no pudo ser feliz con el amor de su vida.

 

Mas tarde, después de unos días, descubrí algo. Nosotras, me refiero a mi madre y a mi, nunca supinos quien fue mi abuelo. ¿Y si mi abuelo fue aquel joven? Mi madre nació por aquella fecha.

 

Aquella pregunta empezó a resonar en mi mente con tanta fuerza que empecé a obsesionarme con ella. Investigué, hable con gente que en algún momento pudiera haber conocido a mi abuela. Hice tantas preguntas, a pesar de los desaires que recibí que alguien me envió una carta en la que mi abuela comunicaba al joven caballero que estaba embarazada de siete semanas. La carta estaba fechada quince días antes de la carta en la que él le comunica que se casa. Eso significaba que aquel joven era mi abuelo. ¿Y si tuviera mas familia? ¿No estaría sola? Tal vez, tuviera primo.

 

Empecé a buscar, y buscar, y después de un año encontré la pista.

 

Es una de las familias más ricas del país, de la cual solo quedan vivios dos personas, un padre y un hijo. Debía saber si podría ser el hermano de mi madre y por consiguiente mi tío.

 

Llame a la empresa haciéndome pasar por periodista que quería hacer un articulo sobre su padre. Y con las mismas quede con él en una cafetería.

 Fue puntual, era un hombre entrado en carnes, escaso de pelo, con la cara sonrosada, no era muy alto, pero si más que yo, venia trajeado, bien arreglado y oliendo a una mezcla entre madera, almizcle, bergamota y tabaco. Me presente y él hizo propio

Empecé con mí inventada entrevista, preguntado todo acerca de su familia. Era él, era mi tío. Él hablaba, pero yo no le escuchaba solo pensaba si debía decirle que era su sobrina, o simplemente debía callarme. Tal vez pensara que todo era mentida, que era una oportunista que veía dinero fácil. Él seguía hablando y yo me imaginaba como podría haber sido mi vida su mi abuela y su padre se hubieran casado. A lo mejor no hubiera cambiado mucho o sí. Eso es algo que nunca llegare a saber.

 

Después de varias horas en la cafetería hablando con “mi tío” decidí irme sin decirle nada. Estuve varios días dudando. Escribí varias cartas contándole todo, pero siempre las rompía. Estaba llena de dudas no sabia que hacer. Después de varios meses entre la duda, un día las dudas se me quitaron.

 

Era un día como otro cualquiera, estaba desayunando en la cafetería leyendo el periódico y de entre su paginas leí una esquela. Mi tío había muerto en un accidente de trafico. Decidí hacer caso al guiño del destino y callarme para siempre. Al fin y al cavo, ¿qué me iba a proporcionar el hecho de decirlo? Nada. ¿Dinero, fama? Yo ya tenia todo lo que quería.

 

Era feliz.

   
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1 comentario

zp -

No me parece justo que, el esfuerzo físico y mental que supone mantener un blog, aunque sea modesto, no obtenga como beneficio ni siquiera un sólo voto en los premios 20 blogs. Así que hoy voy a votar a los blogs inscritos que tengan 0 votos, empezando por el final del alfabeto, que son los que menos votos tienen.

Cuando termine con estos, iré a votar a todos los que tengan 1 sólo voto. Y así sucesivamente.

Así demostraré que mi voto, un voto modesto, vale lo mismo que el de cualquiera.

Esta es mi promesa electoral y mi compromiso con los representantes modestos de la blogosfera (como yo) que se han presentado al concurso del 20 minutos con toda la ilusión del mundo.

Un saludo afectuoso.
http://vivazapatero.blogspot.com/
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