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LAS HISTORIAS DE QENA

Huye de mí

Huye de mí   Llevo dos días sin salir de casa. No me gusta salir a la calle, pero las pocas reservas del último robo que hice al banco de sangre se me han agotado. La luna hoy brilla con fuerza. La noche es clara, demasiado clara. Debo salir a buscar alimento. Me subo el cuello de mi chupa tejana para que nadie me vea el cuello, para que nadie se fije en el, para poder pasar inadvertido.

Cuando salgo a la calle me golpea una brisa fresca. La agradezco. Camino entre las sombras, en silencio y lo más aprisa que puedo. Oigo unas risa a lo lejos. Me paro en seco y corro hasta la próxima esquina. Me quedo quieto. En silencio, medio oculto por la luz mortecina de una farola. Las risas van menguando poco a poco.

Esta noche, ni siquiera un gato se me ha cruzado en mi camino. No encuentro nada para calmar la sed que por un momento me nubla la mente. Vuelvo a oír las risas, pero esta vez no están cerca, el hambre las trae hacia mi mente, que dice que vaya en su busca, que me alimente. Con las manos aferradas a las sienes y encogido por el dolor sigo mi camino hasta un banco de sangre, allí esta lo que necesito.

Necesito sangre.

- ¿Te pasa algo?.- siento que me preguntan a mi espalda. Me giro, veo a una chica, guapa. De ojos marrones y enormes que con cara de preocupación pone su mano sobre mi hombro.

- Estoy bien. Vete por favor.

- ¿Qué es eso del cuello?, ¿un tatuaje?.

La sangre me hierve. Los ojos se me enrojecen. Mi cabeza estalla y sin saber como me incrusto con fuerza en su cuello. Su sangre es cálida. Dulce. Fluye por mi garganta refrescándola. Cierro los ojos y me dejo transportar. Bebo y bebo. Hasta la última gota. Después la dejo caer.

¡¡NOOOO!!.

Me doy cuenta de lo que he echo. Pero porque. ¿Por qué?. Os dije que no preguntarais.

Si me ves, HUYE.

 
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