Hola a todos

Se que llevo mucho tiempo si escribir nada en el blog, pero en casa, tengo varias historias pero me gusta repasarlas antes de publicarlas.

En estos meses han pasado muchas cosas en mi vida y no he tenido tiempo.

Ahora me estoy recuperando de una operacion y espero que encuanto pueda me volvere a poner otra vez manos a la obra.

Hasta ese momento os ruego un poco de paciencia a todos los que me seguis y un beso a todos los que lo veais por primera vez.

QENA MONTALVO

 

Miércoles, 11 de Junio de 2008 14:24 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.

FELIZ AÑO NUEVO

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Martes, 01 de Enero de 2008 22:09 Autor: qena. #. Hay 1 comentario.

El abuelete

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Que había estado yo paseándome a las tantas de la madrugada por la ciudad de Esna, y mira por donde recalé en su mercado de frutas y verduras. Después de haber estado andando todo el mercado, y más cansado que “una burra con 20 horas de arreo”, conseguí divisar un murete en la linde de tal mercado. Fui hacia allí y me senté, con el objeto de descansar un poco y como no, distraerme con los “chascarrillos” de los lugareños en su ajetreo mercantil.

 

Y no se… quizás mi cara demostrase lo cansado que estaba, pero en eso se me acerca un abuelete, con pinta de tener más años que Matusalén, con su chilaba, su bonete, y una cara que sólo los abuelotes egipcios saben poner: Alegre, candorosa, con unos ojos de pillo, y una sonrisa guasona de las de… “aquí te pillo y aquí te mato”.

 

En eso se me acerca, y mirándome fijamente, me empieza a hablar en su lengua. La cuestión es que no entendía nada de nada. Yo en vista de que no nos aclarábamos, empecé a usar el idioma internacional, por señas.

 

A si que empezamos a entendernos perfectamente. El abuelo me estaba diciendo más o menos lo siguiente

- Chaval, cansado te veo.– A lo que yo de igual modo respondí:

- Pues ya ve, después de andar tanto, se puede imaginar como estoy… hecho tri-zas…

 

- Pues espera un poquito que ahora vengo. –. Y ahí me quedo yo, más intrigado que antes, sentado en el murete, y observando el paisaje del mercado.

 

Al cabo de unos breves minutos, me viene el abuelo, llevando entre sus manos una tajada de sandía; fresca, jugosa... Siendo la hora que era, cansado como estaba y habiendo cenado en el barco a las 9 de la noche. Y pensé: “Aquí el abuelo, ya viene en plan de conseguir el euro de turn, que más da uno más que uno menos. En más tonterías me los gasto, y esta tajada de sandía, esta diciéndome… cómeme.”

 

Vaya lo equivocado que estaba:

 

Se me acerca el abuelo, con una sonrisa y ojos bonachones, y me dice

 

- Toma chaval, que esta tajada de sandía es para ti

 

Y me la entrega. La tomo diciendo el sokram (gracias), y advirtiendo la expresión de felicidad del abuelete, y en vez de echar mano al bolsillo para tomar unos euros, saco del bolsillo del pantalón un paquete de tabaco. He de decir que el paquete esta aún por empezar, y no me molestó en absoluto, obsequiadle con el paquete entero de tabaco.

 

Y anda lo que pasó…

 

El abuelo, con una parsimonia no apta para nerviosos…. quita la funda de plástico…. abre la cajetilla… saca un cigarrillo… se lo enciende…. aspira profundamente…

 

¡…y me devuelve el paquete….!

 Y con esa mirada socarrona de profunda sabiduría que sólo los abuelos suelen poner, va y me suelta.: – “Salam” –. … Y se va.

Y ahí me quede yo, con la sandía en la mano, pasmado Reaccionando a los breves momentos, me levanté del murete y a voz de grito porque el abuelo ya se estaba alejando, le grite:

 

- ¡Sokram Habibi, Salam Aleikum!

 

El abuelo se gira, y poniendo una mano en el corazón, me dice:

 

- Salam Aleikum

 

Me vuelvo a sentar en el murete, y con un sentimiento de felicidad me comí la sandia.

 

Cuando me dirigía hacia el barco, no dejaba de pensar en el abuelete del mercado y en lo feliz que era.

 
Viernes, 28 de Septiembre de 2007 21:51 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.

Bajo la luz

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El cielo encapotado se iluminó bajo el gruñir del primer rayo de la tormenta. Durante toda la tarde las nubes se habían ido juntando y oscureciéndose lentamente y de forma insegura hasta que por fin, entrada la noche, despertaron y decidieron descargar toda su furia en forma de agua, rayos y truenos. Los edificios, parques, coches... todo se iluminó en un breve periodo de tiempo bajo la luz brillante de la tormenta. Durante ese instante toda la ciudad se ve de un modo distinto. Unos ojos verdes miran por la ventana a través de los chorros de agua que corren por ella a unas pocas personas, que corren buscando un refugio en el cual guarecerse de la repentina descarga de agua. Los ojos vuelven al libro que estaban leyendo, en su portada se puede leer “Cuentos Populares”. Lo sostiene entre sus pequeñas y delicadas manos como si fuera un tesoro, como si cada página tuviera un valor incalculable. Se encuentra inmersa en su lectura bajo el calor de un radiador y con la sola iluminación de una lamparilla colocada a su derecha. Su melena suelta, resulta más brillante bajo esta luz. El sillón sobre el que reposa no es muy grande; en él se siente protegida de la tormenta que azota el exterior. La sala se completa con una estantería que ocupa toda la pared, repleta de libros. Los hay viejos, nuevos, desgastados, grandes, pequeños, de tapa dura, de tapa blanda... En el tabique restante sólo se distingue una partida de nacimiento con el nombre Fernanda González Huero, 30 de mayo de 1982. La decoración se limita a un cuadro en el que aparecen un hombre y una mujer adultos en blanco y negro. Aparecen felices esbozando una inocente sonrisa. Los rasgos de la mujer coinciden con los de la persona que está sentada en el sillón: la misma mirada, la misma nariz, la misma boca.... Aunque Fernanda sabe que la esencia de esas personas ya sólo sobrevive en esa foto y en los corazones que los amaron, no puede dejar de pensar en aquel fatídico día en el cual los seres que la dieron su vida, perdieron la suya en un accidente de tráfico. Lo intenta, pero cada vez le bombardea la cabeza la imagen de su padre y su madre cubiertos de sangre, inmóviles, sin un ápice de vida... La tormenta interior de Fernanda, al igual que la que azota la ciudad, también se manifiesta en forma de agua y por sus ojos, comienza a caer una fina gota de dolor. La deja correr hasta la comisura de la boca donde se para, como si no consiguiera sobrevivir en el mundo exterior al cual nunca debería haber salido. A esa lágrima la siguen sus hermanas para volver a unirse en la mejilla.

 

Cada recuerdo es una espina que se clava en su cabeza. Ahora le comprende, pero ella no es tan fuerte; recuerda a su madre en la cocina mientras escuchaba las inquietudes e historias de una niña inocente. Su padre, sentado sobre el borde de la cama, le cuenta el cuento que tantas veces ha escuchado antes de cerrar sus pequeños ojos y que Morfeo la acogiera en su brazos.

 

Deja el libro sobre la mesilla donde descansa la lámpara y se encoge en el sillón todavía con las lágrimas sobre su rostro. El sueño comienza a apoderarse de ella. Apaga la luz, la habitación queda oscuras, sólo rota por el destello de los relámpagos. Bajo el hipnotizador sonido de la lluvia, poco a poco la mujer se rinde a un sueño intranquilo. Esta vez no ha habido cuento pero en sus sueños ve como sus padres se acercan al sillón para relatarle por última vez el cuento que nunca debieron dejar de contarla.

 
Martes, 18 de Septiembre de 2007 19:03 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.

Pollo encebollado

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El agua corría entre sus manos, mezclándose con los muslos de pollo, que serian la base del plato que había pensado para compartí con su marido y sus hijos esa noche. trozo a trozo les iba quitando toda la piel y la gasa. Los seco cuidadosamente y los metió en la fuente. Tenia mucho tiempo para pensar, mientras iba cumpliendo al mínimo detalle con las indicaciones del recetario que la regalo su madre.

Junto con los restos de pollo se iban acumulando los restos de medio kilo de cebollas. Ya limpias y cortaditas, las coloco en otro recipiente.

Eran cuatro las comidas que le vinieron a la mente. Las puso en orden, no sabia si por la importante de las mismas o por los sentimientos que ellas despertaban.

A su abuela paterna la recordaba transpirando en la cocina, en vísperas del día de Navidad, preparando el manjar que para ellos representaba “Las migas”. Siempre se quejaba, después de haberlas comido, que no era un plato adecuado para esa fecha.

Con los recuerdos pululando por salir, abrió la alacena para sacar la sal y la pimienta, que servirían de adobo al pollo. Coloco aceite en la cacerola y doro el pollo. Mientras lo hacia, veía a su abuela materna amasando con sus manos lo que seria el postre.

Una vez dorado el pollo y vuelto a poner en la fuente, coloco un trozo de mantequilla, espero a que se derritiera y agrego las cebollas con un vaso de agua, otro de vino blanco y un cubito de caldo de verduras. Viendo como la mezcla empezaba a hervir, llego con un recuerdo: su tío abuelo.

Cuando volvió al presente introdujo el pollo en la cacerola. Pelo un kilo de patatas , que acompañarían pollo.  Cortándolas en pequeños cuadraditos, quedaron preparadas para freír en el aceite.

Esperando a que esto sucediera, llego a su mente la vieja casa reformada, “La Charpona”, finca situada en Toledo, donde vivía su bisabuela.

Mesas bien puestas, vajillas finísimas. Uno a uno iban llegando . todos tan callados y fríos, como la comida del primero de enero. La comida era buena y sabrosa, pero en el plato se perdía, no le molestaba ese clima, era calma que llegaba después del 31.

Era como para ir poniéndolos en clima de que las cuatro reuniones iban llegando a su fin y volvía la rutina del resto del año.

Con las patatas ya doradas y el pololo bien cocido, llamo a los chicos y a su marido y disfrutaron juntos de la cena.

 

 

Viernes, 14 de Septiembre de 2007 01:26 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.

El aprendiz de borracho

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Cholo nunca había estado tan decidido a hacer nada en su vida. Quería ser alcohólico. En su cabeza no dejaban de pasar imágenes de borrachos con estilo. Recordaba las novelas de Truman Capote; las películas en las que violaban a la mujer de Charles Bronson y, antes de matar a todos los malos, se ponía ciego a Whisky en el bar más insalubre del planeta. Llevaba tiempo fumando dos paquetes al día… eso le reconfortaba. Sabía que el mundo lo miraba con admiración. Qué duro parecía con su paquete de Fortuna en el bolsillo de su vieja camisa a cuadros. Sólo le faltaba ser alcohólico para ser uno de esos hombres «interesantes» que todos enlazan con una vida cargada de emociones y vivencias dignas de ser contadas delante de una buena copa.

 

Tenía un problema. Odiaba el alcohol. No podía probar nada que no estuviera rebajado con mucha cola o zumo. Y un buen alcohólico no debería destruir su imagen a base de zumos o cocktails con. No. Él debía de ser capaz de beberse botellas y botellas de Whisky de un trago. Tenía que hacer algo por solucionarlo. Un esfuerzo y un poco de práctica no le harán daño a nadie, pensó.

 

Había dividido la noche en tres fases. Primero bebería todo lo que había comprado excepto la botella de Daniel’s que sacaría a pasear por la ciudad cuando fueran las 3:00 de la madrugada. Era una bebida barata y vomitiva, pero iba acorde con la imagen que Cholo quería dar. Alguien que ha destacado en la vida, pero ya no es nada. La segunda fase de la noche sería entrar en el bar “Los Pecadores”. En él se concentraba el 90% de los vagabundos de la ciudad. Tocaban la harmónica y cantaban viejos éxitos de la Copla. Ahí aprendería sus movimientos, su forma de pensar, de ser, adsorbería gran parte del carisma de aquellos vagabundos y, a modo de devorador de almas, se convertiría en un aglomerado de lo mejor de todos ellos. Por último, dedicaría el resto de la noche a «homenajear» al resto del insignificante mundo con sus conocimientos. Aleccionaría a la población. Utilizaría frases banales en sus predicaciones y todos le admirarían boquiabiertos.

 

-La mejor escuela es la vida –comenzó a hablar. Como un maestro instruyendo a jóvenes descarriados .

 

Ya tenía todo dispuesto. Litros de alcohol apestoso. Su aliento tenía que ser, como mínimo, el de un pintor de pueblo. Comenzó con el Whisky. Prosiguió tragando ginebra, ron, pacharán, vodka…

 

Murió antes de llegar a la 2ª fase. Desgraciadamente, todo buen ser humano necesita cambiar. Todos dependemos de las novedades para interesarnos por la novedad. Cholo tenía demasiada prisa. Poco a poco todo se puede lograr. Pero hay que prepararse para los cambios. Así es como se hacen las cosas, poco a poco.

 

-Ese es mi consejo de hoy –sentenció El Pelao después de narrar la parábola.

 

-Cuál, maestro –preguntó el joven aprendiz.

 

-No lo has comprendido, chico.

 

-Bueno, supongo que lo que quieres enseñarnos es que no debemos tener miedo a los cambios. Son lo que nos hacen ser más fuertes. Que cambiar es gratificante cuando te acostumbras. Pero que no debemos precipitarnos en el cambio. –respondió inteligentemente.

 

-No, hijo mío. No has entendido nada de nada. La moraleja es: beber alcohol es precioso e interesante. Pero no seas tan estúpido como para beberte cientos de botellas en un tercio de noche o no podrás enseñarle al resto del mundo lo alcohólico y divertido que eres.

 

- Oh, maestro, es usted tan inteligente.-dijo con los ojos brillantes.

 
Lunes, 27 de Agosto de 2007 00:25 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.

El extraño

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Dentro, las lámparas de aceite proyectan sombras siniestras sobre los parroquianos de la taberna. El antro de paredes de adobe está abarrotado, un islote de luz y calor en medio de la helada oscuridad. Pero nadie se sienta conmigo. A mi alrededor, intangible, se levanta un muro casi infranqueable de respeto, odio y  miedo...

 

¿Cómo pudo soportarlo durante tanto tiempo? Apenas llevo cinco años con su carga y ya tengo el pelo blanco hasta la raíz. A veces pienso que me gustaría renunciar, ser sólo una desgraciada más viviendo una vida anónima en una de estas pueblos. A veces el poder de la diosa es demasiado excitante, y ninguno de estos pensamientos dura demasiado.

 

A él no parecía afectarle lo que era. Su alegría era contagiosa, como un vino que llenase el corazón de ligereza y el alma de sueños. Pero no siempre sonreía. Y en ocasiones su cólera era tan terrible como el sonido del trueno. Recuerdo una ocasión en que llegamos a una localidad de pescadores. Recuerdo el mar brillando como una turquesa a mediodía, y los voces de las aves peleando por los despojos de la pesca, abajo, entre las barcas. Cuando entramos en el poblado, la hostilidad de los habitantes se alzó ante nosotros como un muro. Hacía calor, y padre llevaba la capucha retirada. El sol arrancaba reflejos dorados al símbolo de la diosa sobre su frente. Pero los aldeanos habían perdido el temor a los dioses. Demasiadas desgracias, demasiada desesperación para seguir rezando a unas deidades que les habían olvidado. Al llegar a la plaza central, apenas un sucio claro entre las casas, encontramos un círculo de rostros amenazadores. Padre pidió comida y refugio. Se lo negaron. La discusión subió de tono. De repente, una piedra apareció volando de ninguna parte y me hirió en la cabeza. Grité... y fue como si mi grito resonara en todas y cada una de las casas, elevando un clamor ensordecedor hacia el cielo. A nuestro alrededor, los campesinos se desplomaron con una expresión de terrible sufrimiento en sus rostros. Un instante después, todo había pasado. El sol seguía brillando cálido y acogedor. Pero la aldea estaba en silencio, un silencio sólo roto por los sollozos de los hombres, mujeres y niños rozados por el dedo de la diosa, invocada por mi padre...

 

Aquel día no murió nadie, pero no siempre fue así. Podría señalar a cualquiera dentro de esta taberna y con un simple pensamiento proporcionarle un éxtasis inmenso, infinito... o hacerle revolcarse por el suelo de dolor, como aquellos desgraciados de la aldea sin nombre. También podría convertirle en una pulpa sanguinolenta que nadie reconocería como un ser humano, o transformar esta aldea en un lago de lava humeante en apenas unos segundos. Todos a mi alrededor lo saben. Por eso me temen y me huyen. Y por eso le temían a él.

 
Miércoles, 22 de Agosto de 2007 21:42 Autor: qena. #. No hay comentarios. Comentar.




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