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LAS HISTORIAS DE QENA

Volveré

Gregorio se subió el cuello del abrigo y, metiendose las manos en los bolsillos, se alejo con paso rápido del reducido grupo de personas que, como él, habían ido a aquel cementerio para despedir a Ernesto que, en vida había sido su mejor amigo y ahora su más triste recuerdo. Sentía la necesidad de sumirse en el trafico de la ciudad y encontrar un lugar caliente donde cobijarse del frió de la calle y de los escalofríos del alma.

Entro en el primer bar que encontró y, sentándose en el rincón mas apartado, pidió un whisky doble, a pesar de lo temprano de la hora. El alcohol le hizo entrar en calor y derramar las primeras lágrimas.
Con la cabeza entre las manos, trato de recuperar hasta el mas alejado recuerdo. ¿por qué se había suicidado Ernesto? ¿qué cirscustancias le habían llevado a tal extremo? Creía conocerle y no encontraba motivos para tan inesperado desenlace. Ambos nacieron el mismo año y en la misma ciudad. Estudiaron en el mismo colegio e incluso compartieron pupitre. En aquel tiempo Ernes, como solían llamarle, tenia, ya una personalidad muy fuerte y definida. Era inteligente, aventurero, mentiroso y cautivador. Estudiaron en la misma Facultad de Biología y Ernesto hizo también la carrera de Telecomunicaciones. Servia para todo e iba a cumplir treinta y cinco años.

Ernes se planteaba la vida como un campo de batalla y el se veía al frente de las tropas. Siempre salía triunfante de cualquier situación y, como un prestidigitador, sacaba de la chistera de su ingenio la solución a cualquier problema. Terminada la carrera, Ernesto, que consideraba la familia y la reducida comunidad, en que vivía, como cadenas que le ataban, opto por marchase a Madrid y entrar en el departamento comercial de un gran laboratorio. Su marcha me dejo consternado, pero su amistad, a pesar del alejamiento, continuo siendo muy estrecha por la continua comunicación que siempre mantuvieron.

Ernes, antes de su partida le dio, lo que él llamaba, sus sabios consejos. “Experiméntalo todo” “arrepiéntete de lo que no has hecho, nunca de lo que no hiciste” “dos mujeres mejor que una y cuatro mejor que dos”. Y, sobre todo, “agarra el presente antes de que se convierta en pasado”.

Gregorio no concebía que su amigo hubiera renunciado, suicidándose, a todo cuanto había logrado: posición social y económica, mujeres, prestigio y poder. Todo cuanto havia ambicionado lo había conseguido. Era un triunfador y su vida era de lujo. Meditando sobre ello, se le encendió la duda de la sospecha. ¿Y si no se hubiera suicidado? ¿Y si le habían empujado de la terraza de su lujoso apartamento? ¿Y si le habían inducido a hacerlo? La duda fue tomando cuerpo en su mente y decidió realizar, por su cuenta, algunas indagaciones. Era lo menos que podía hacer por su amigo.
Se dirigió en primer lugar al domicilio de Ernesto, para entrevistase con su ultima pareja. Era esta una mujer de generosa belleza y notable inteligencia. Se mostraba desolada por lo sucedido y le confirmo, lo que su amigo ya le había anticipado, que sus relaciones eran excelentes en todos los campos en los que una pareja trabaja su felicidad. Le dijo que a Ernesto todo le iba bien, pero que últimamente se encontraba muy nervioso y que, estando ella ausente de Madrid, le pidió que al regreso se instalara, durante una temporada, en el piso que ella poseía, pues se encontraba algo deprimido e irritable, y no quería que ella sufriese las consecuencias.
Pilar, ese era su nombre, le aseguro que todavía no había llegado a creer los del suicidio. La policía le manifestó que se había arrojado desde la terraza del duplex, desde una altura de quince metros. La muerte fue instantánea y el suicida solo pudo emitir unos gemidos.
Antes de despedirse, le comento de Ernes le preguntaba frecuentemente ¿volverá?, ¿Tu crees que volverá?, sin que ella supiera a que se refería.

Luego se encaminó a la Policía judicial y al forense, quienes le ratificaron lo dicho por Pilar. No había lugar a otra hipótesis que no fuera la del suicidio. El asunto estaba cerrado.
También visito algunos domicilios de los vecinos de Ernes y todos coincidieron que en que era una persona alegre y encantadora. Siempre bien vestido y que emanaba vitalidad. Eso sí. Añadieron que en los últimos tiempos, aunque fuese al cruzarse un solo momento, los paraba y les preguntaba ¿cre›s que volverá?

Solo le quedaba un lugar por visitar, el laboratorio en que trabajaba. Sus compañeros le dijeron que, Ernesto era un trabajador solidario con ellos y que rea “vox populi” que le iban a nombrar para un altísimo puesto en la dirección de la empresa. También le revelaron que, últimamente, se había metido muy de lleno en el campo de la investigación y que les aseguraba que estaba a punto de realizar un gran descubrimiento. Y reiteraron lo de la repetitiva pregunta.
Gregorio, aunque no del todo satisfecho, dio por terminadas sus pesquisas y regreso a su ciudad. Durmió inquieto la primera noche y se levanto de madrugada. Después de tomar una taza de café, encendió el ordenador y lo primero que encontró en el correo electrónico fue un e-mail de Ernesto fechado momentos antes de su muere, y en el se leía: “Querido Gregorio cuando leas este corro yo ya no estaré entre vosotros. Como te he venido comentando, en mensajes anteriores, mi carrera profesional esta siendo un completo éxito. Me encontraba tan sobrado de facultades que me metí de lleno en el mundo de la investigación biológica. Tu sabes que decidirme a trabajar en el campo comercial fue solo por una cuestión económica, pero que mi verdadera vocación y, hasta, Siria devoción era la Biología. Empecé a robarle horas al sueño, a estudiar mas y más ¡Ojala nunca lo hubiera hecho!
El resultado de tanto esfuerzo me llevo al descubrimiento de un nuevo virus capaz de penetrar en la mente humana y de resultado impredecibles. Asustado por las posibles consecuencias y temeroso de que me lo plagiaran, decidí enviar todo mi trabajo desde el ordenador del laboratorio al de mi casa, a través del correo electrónico, borrando en aquel toda huella.

Llegado a mi domicilio, a altas horas de la noche, fui directo al ordenador y al abrir el coreo me encontré el siguiente mensaje.
DE: El virus
PARA: su creador y e clavo.
ASUNTO: Matar.
TEXTO: ¡Enhorabuena! Has descubierto el virus del terrorismo. Tu obedecerás y yo siempre volver.

Fuera de mí sin control, como poseído por una fuerza superior. Cogí mi pistola, salí a la calle y al primer transeúnte que encontré le tire un tiro en la cabeza. radie me vio. Casi ningún periódico se hizo eco de la noticia y el único que la daba decía “Un transeúnte fue, anoche asesinado de un tiro en la cabeza. Se sospecha de un ajuste de cuentas entre bandas de emigrantes”.

Regrese a casa y, horrorizado, eliminé el mensaje. Intentando, con ello, acabar con el mensajero y el mensaje. Pase unos días relajadamente tranquilos y después de una semana, por necesidades de mi trabajo, tuve que abrir el ordenador y allí encontré el mensaje con el mismo encabezamiento y en el espacio del texto: “Volveré”, “Siempre volveré” “Y tu mataras” “Siempre mataras”. Vacié la papelera de reciclaje.

Pase unos días enloquecidos. No comía,, no dormía y me irritaba por todo. Y a todo el mundo preguntaba ¿volverá?
Y esta noche al abrir la puerta del apartamento enconare el ordenador encendido y en la pantalla iluminada, en gran tamaño, la palabra destellante “Volveré”. Gregorio te juro que nunca mas la volveré a ver. Voy a poner fin a esta situación”.

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