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LAS HISTORIAS DE QENA

Su destino final ( parte septima y últma)

Su destino final ( parte septima y últma)  

Permaneció en silencio delante del confesionario, imaginándose cómo sería la reacción del cura ante su pistola azulada. ¿De pánico?, ¿Asustado? O decidido a luchar por su vida. Acostumbrado a ejercer opresión, no soportó por más tiempo la presión. De un manotazo corrió las cortinas de la casilla, deseoso de encontrarse por fin cara a cara con su víctima.

 

Se tropezó con el vació. No había nadie dentro. De repente, escuchó como si alguien descorchara dos botellas de champaña. El asesino conocía muy bien ese sonido. Miró su pistola. Él no había disparado. Su mirada se dirigió hacia su pecho, y contemplo, más bien sorprendido que aterrado, como dos manchas de sangre se extendían empapándole las ropas. Las piernas le fallaban. Aún tuvo tiempo de agarrase al confesionario y darse la vuelta. El viejito con pistola en mano le sonreía, con esa risa risueña, simpática, casi cariñosa. Despacio, intuyó que todo había sido una trampa, que para algunos sabía demasiado. Moría al final como siempre había vivido. Ya no era el personaje principal, sólo una comparsa, la víctima, y no podía esperar un final feliz. Mientras se desplomaba muerto y su alma, o lo que fuese, huía hacia la nada, fue consciente que no le importaba en absoluto que le hubiesen reventado el corazón de dos balazos, o que lo hubiesen cazado como a un novato principiante. ¡No! Pero no se hacía a la idea, no soportaba que alguien le aventajase como actor, que alguien interpretase su papel mucho mejor que él.

 FIN 
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